¡Pienso demasiado! ¿Puedo parar mi mente?

Pienso demasiado

¿Eres de esas personas que piensan demasiado? ¿Cómo saber cuándo pensamos de más? A veces, pensar o analizar cada una de las situaciones que vivimos es necesario, de hecho, la mente es un órgano más. Al igual que los riñones filtran sangre, la función del cerebro es darnos pensamientos (entre otras muchas más cosas), y estos pensamientos pueden sernos muy útiles y otros no tanto. ¿Pienso demasiado? ¿Piensas demasiado?

¿En qué momento el pensar se convierte en un problema?

Dejadme que os diga algo, el problema no está en ocasiones en el tipo de pensamientos que tenemos. La mente asocia ideas y estímulos constantemente, es natural que, sin quererlo, tengamos ciertos pensamientos raros o arbitrarios. El problema no es tener el pensamiento, porque eso no es controlable, el problema es todo el cuestionamiento hacia ese pensamiento, es decir, todo lo que pensamos acerca de tenerlo. “¿Por qué habré pensado esto?” “¿Estaré volviéndome loca”?, “¿debería hacer caso a este pensamiento?”, así como muchas otras metacogniciones.

Por lo tanto, tener o no un pensamiento no es bueno ni malo. Un pensamiento en sí mismo no es perjudicial, el problema es quedarnos enganchados en ese pensamiento, darle un poder y una credibilidad que no tiene, asustarnos por él o sentirnos culpables por tenerlo. Es ahí cuando damos más poder a ese pensamiento y se crece.

Te animo a hacer un ejercicio:

Cierra los ojos e intenta no pensar en un limón, tampoco pienses en el color del limón ni en su sabor, nada que signifique un limón. Venga, tienes 20 segundos para hacerlo.

Bien, ¿has conseguido no tener ese limón en la cabeza? La mayoría de vosotros habrá tenido no sólo un limón, sino tropecientos de ellos. Algunos habréis conseguido no tenerlo, pero por el contrario, habéis estado luchando fuertemente para que no aparezca, eso conlleva un gran esfuerzo mental de evitación, si hubiésemos seguido así mucho tiempo, al final nos agotaría.

La moraleja es que los pensamientos no se controlan.

¿Pero, si los pensamientos no se controlan, cómo puedo dejar de pensar tanto?

Realmente en el proceso del pensamiento hay dos pasos, y para aprender a darnos cuenta si pienso demasiado tenemos que hacer dos cosas. El primer paso sería el hecho de que aparezca o no ese pensamiento (molesto, en muchos casos). No puedo evitar pensar en eso que me atormenta. Puedo distraerme, pero ese pensamiento está ahí, de fondo. Tengo que dejar de luchar contra él. Cuando aparezca, tratarlo con naturalidad y normalidad, entender que nuestra mente funciona así, y ver que no es más que un pensamiento, pero que no tiene por qué ser verdad.

El segundo punto es dejar de rumiar, eso sí es controlable hasta cierto punto.

¿Qué es rumiar? ¿Cuando creo que pienso demasiado me estoy refiriendo a eso?

Rumiar es darle vueltas a una misma cosa sin llegar a ninguna conclusión. Podemos ganar en conciencia, podemos darnos cuenta de que estamos rumiando y cambiar nuestro foco atencional.

¿Cómo nos damos cuenta de que estamos rumiando?

Como te he dicho, no se trata de creer que pienso demasiado, te animo a que respondas a las tres preguntas siguientes cuando estés dándole vueltas a este problema que tanto te atormenta:

  1. ¿Pensar en esto ayuda en la solución del problema?
  2. ¿Entiendo algo nuevo del problema o de lo que siento?
  3. ¿Me siento menos deprimido que antes al pensar en ello?

Si no puedo responder claramente que sí a las tres preguntas, seguramente esté rumiando.

Darnos cuenta de que estamos rumiando es el primer paso para tomar conciencia y cambiar nuestra atención hacia otras actividades o tareas más útiles.

¿Cuáles son las claves entonces?

  • Darnos cuenta de que estamos rumiando, haciéndonos esas tres preguntas
  • Observar entonces, si ese pensamiento no es rumia, qué parte de él es útil o qué me enseña nuevo
  • Centrarme en la utilidad de ese pensamiento, si es que tiene algo de útil, más que en su veracidad ¿este pensamiento me sirve? ¿me ayuda? ¿me aporta soluciones?
  • Entrenar el cambio del foco atencional hacia cosas más útiles ¿qué estaría yo haciendo si no tuviera esta preocupación?
  • Aprender a aceptar la incertidumbre y el malestar, entrenar lo que sí está dentro de nuestro nivel de control
  • Si no puedes conseguirlo solo, siempre puedes pedir ayuda profesional
  • Como ya ves, no se trata de pensar demasiado, sino de ser conscientes de nuestra rumia o parloteo mental y cambiar el foco atencional.

Te recomiendo que empieces a ser consciente de dónde está tu mente, y que te hagas las preguntas anteriormente citadas. Tambmién puedo recomendarte este libro para empezar a entender cómo funciona tu mente.

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